Puerta Santa

Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre. Es por esto que he anunciado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes. (Misericordiae Vultus nº 3)

Establezco que en cada Iglesia particular, en la Catedral que es la Iglesia Madre para todos los fieles, o en la Concatedral o en una iglesia de significado especial se abra por todo el Año Santo una idéntica Puerta de la Misericordia. (…) Cada Iglesia particular, entonces, estará directamente comprometida a vivir este Año Santo como un momento extraordinario de gracia y de renovación espiritual. (Misericordiae Vultus nº 3)

 

La Puerta Santa en la Catedral de Santa María de la Almudena (Madrid)

El Arzobispo de Madrid D. Carlos Osoro, abrió la puerta santa en la Catedral de Santa María de la Almudena, en una celebración especial el sábado 12 de diciembre del 2015. La puerta que se eligió es la puerta central de la fachada de la calle Bailén. Esta puerta permanecerá abierta todos los días del año en el horario habitual de la Catedral.

La puerta abierta es símbolo de Cristo. El Evangelio de san Juan dice: Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto (Jn. 10, 9). El papa Francisco nos invita durante todo este año Jubilar a entrar por la puerta, es decir, a entrar en el Corazón de Jesús, imagen del rostro misericordioso del Padre. Entrar por la puerta del Jubileo de la Catedral de la Almudena es actualizar en el corazón el deseo de ser acogido por el amor de Dios que se ha manifestado en su Hijo Jesucristo.

No se trata de un rito vacío, ni esotérico, ni mágico, ni un requisito para conseguir algo…. Entrar por la puerta es una acción simbólica que nos debe ayudar a profundizar en dos aspectos fundamentales: el primero, que Dios es nuestro Padre y que nos ama tanto que nos ha enviado a su Hijo para que sea nuestro hermano y nuestro amigo en el camino de la vida (cf. Jn 3,16). El segundo aspecto es, que nosotros, como discípulos de Jesús, debemos amar con amor misericordioso a nuestro prójimo, es decir, al que tenemos al lado. Sólo si amamos así a los demás somos realmente hijos del Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos (Mt 5, 45). Estos dos aspectos resumen la vida cristiana (cf. Mt 22,40). Para esto se abre la puerta santa y se nos invita a pasar por ella.

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